Sanación desde el corazón durante una meditación

Hoy hace dos semanas, el 11 de febrero, durante el encuentro del Círculo Júpiter de Terapeutas Transpersonales y Emprendedores, un grupo de cinco terapeutas transpersonales que se formó hace pocos meses, tuve una experiencia profundamente sanadora y conmovedora. Nunca antes había tenido una vivencia así. No lo esperaba y, además, surgió en el transcurso de una meditación enfocada en el primer chakra que había sido canalizada tiempo atrás por una de las terapeutas del grupo.

En un momento dado de la meditación, la terapeuta que la guiaba dijo “y ahora envía partículas de luz universal a quien quieras o a lo que quieras.” Tras unos segundos, empecé a visualizar gotas brillantes de luz que iban hacia personas que han estado o todavía están en mi vida, que aparecían a gran velocidad, una por una, sin ningún orden que pudiera distinguir, sin que yo las “escogiera”. Aparecieron mis padres, mi hermano, profesores, amigos, ex-parejas, jefes y compañeros de trabajo, conocidos… Surgían ante mí sin cesar, sin pausa entre una persona y otra, y para cada una de ellas venían a mí las palabras precisas para agradecerles lo que habían traído a mi vida, aquello que habían hecho por mí, para mí, o a mí. Después del agradecimiento, surgían en mi interior palabras sobre el impacto que cada una de esas personas había tenido, o está teniendo, en mí.

Todos los “mensajes” que tenía para cada una de ellas tenían la misma estructura: “gracias por… + lo que hicieron + porque… + el impacto de lo que hicieron, la razón de mi agradecimiento”.

Y aunque recuerdo la estructura de los mensajes, no recuerdo absolutamente nada de lo que dije. Todo sucedía a una velocidad y con una precisión impensables desde mi mente. Recuerdo apenas algunas de las personas que aparecieron. No sé cuántas fueron, pero sí sé que pertenecían a diferentes etapas de mi vida: mi infancia, mi adolescencia, mi vida como persona adulta en Barcelona, en Salamanca, en Estados Unidos, en la Repúbica Dominicana, mi vida de ahora en Valencia.

Entre las cosas por las que les di las gracias había también experiencias que fueron duras para mí y fuente de rencor, ira, dolor. Pero todas ellas tenían, súbitamente, sentido para mí, en apenas una fracción de segundo. Fue como si desde mi Ser hubiera recordado el pacto de almas que hicimos mientras elaborábamos nuestros respectivos planes de vida. Era mi alma la que expresaba agradecimiento no a las personas, a los “personajes”, sino a las almas que hay o había tras ellas.

Desde ese mismo día, siento una infinita gratitud por esta sanación. Recuerdo algunas de las personas a las que di las gracias, entre ellas algunas de aquellas hacia las que todavía sentía enfado, ira, resquemor. Recuerdo haber sentido ese malestar, pero ya no lo siento. No quiero ni puedo sentirlo aunque quisiera. Lo recuerdo, pero no lo siento. Nunca antes había tenido una vivencia sanadora como esta.

No soy capaz de explicar cómo sucedió esto, ni lo pretendo, ni lo necesito. Sé lo que fue, lo que sentí y lo que siento, y doy gracias por ello. Está muy claro para mí que en ningún momento estuvimos solos durante aquel encuentro. Recuerdo que, durante una conversación que tuvimos un par de horas antes de la meditación, sentí, literalmente, durante unos segundos, la presencia de un haz de luz, un círculo de energía, que conectaba a las cuatro personas que estábamos allí.

No pude explicar nada de esto allí. Me sentía abrumado y arrebatado por estas vivencias, y por otra muy, muy intensa también, que también se produjo durante la meditación, y que no puedo compartir aún porque todavía no es el momento de hacerlo.

Ese día terminó un largo ciclo de mi vida. Desde el corazón, desde el alma, desde mi Ser, desde el Ser en el que todos somos.


 

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