No te / me quise ver: la relación como cadena

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A veces, lo más duro del final de una relación no es el final en sí, ni la responsabilidad que podamos llegar a atribuir a la otra persona, sino la constatación de que nosotros también contribuimos a que la relación llegara a ser lo que fue, y se mantuviera incluso cuando ya no era satisfactoria o sana. 

Decir esto no implica ver la ruptura de una relación en términos de culpabilidad. No se trata de buscar culpables, porque no los hay. Lo que hay son personas que hacen lo que pueden, de la mejor manera posible, según los recursos internos que tienen a su alcance en cada momento y el grado de desarrollo consciencial de cada una de ellas. Además, la idea de culpabilidad va inseparablemente unida a la de castigo, y no se trata de castigar a nadie tampoco, ni a la otra persona ni a nosotros mismos. El castigo no tiene nada que ver con el amor, que es nuestra esencia. Ni el castigo, ni el sufrimiento.

De lo que se trata es de aprender. Como dice Eckart Tolle: 'Las relaciones no son para hacernos felices, sino conscientes.' Cada vivencia, desde la más aparentemente insignificante hasta la más aparentemente aparatosa y desbordante, está en nuestra vida para que aprendamos algo a través de ella. Ese aprendizaje nos lleva a avanzar en la expansión de nuestra consciencia, en la profundización del camino que nos lleva de vuelta a re-conectar con nuestro Ser, a re-conocernos como seres espirituales amorosos. Por dura que pueda ser una vivencia o una situación, está en nuestro camino vital, forma parte de nuestro plan de vida, para ayudarnos a hacernos conscientes de algo y, con ello, sanar alguna herida, alguna carencia, y avanzar en nuestro camino de vuelta hacia nuestra esencia amorosa.

Con frecuencia, ese algo de lo que tenemos la oportunidad de hacernos conscientes no es fácil de aceptar, porque tiene que ver directamente con aspectos de nosotros mismos que preferiríamos no ver, no tener que mirar. Y, sin embargo, es precisamente ahí donde está la oportunidad de sanar y avanzar. Tal vez muchas personas se hayan preguntado alguna vez, ante la ruptura de una relación, cosas del tipo '¿qué he hecho yo para encontrarme otra vez con lo mismo?', o '¿por qué atraigo al mismo tipo de persona una y otra vez, como si yo tuviera un imán?', o '¿qué tengo que hacer diferente la próxima vez, si es que quiero que haya una próxima vez?'. Probablemente estas preguntas le resulten familiares a mucha gente, junto con otras similares. 

Escribí este poema pensando, sobre todo, en la experiencia de una amiga mía, que 'se ha encontrado' varias veces con un perfil de pareja muy similar, al que ella ya considera un patrón 'inevitable'. Pero también lo escribí pensando en mi propia experiencia, de manera que la voz que habla, ese 'yo' que se manifiesta, es también resultado y reflejo de mi forma de estar en un momento dado de mi vida. 

Los patrones relacionales no son inevitables, ni inamovibles. Se pueden ver, entender y diluir y, al diluirlos, el dolor que nos producían desaparece, y nuestro bienestar interior aumenta. El primer paso para diluir los patrones es mirar dentro de uno mismo, desde la más radical aceptación, sin emitir absolutamente ningún juicio, desde el perdón a uno mismo antes que nada. Y cuando miramos dentro, empezamos a encontrar las respuestas que hemos estado buscando fuera tan insistente e infructuosamente. Como ocurre aquí.

 'No te quise ver'

Siéntate.
Mírame.
No. Eso no.
Mírame.
Quiero que por una vez                
me veas. A mí.
No otra vez a ti,
siempre a ti.
A mí.
Y ahora háblame.
Por una vez también
quiéreme
y dime la verdad.
Dime que nunca
me has querido,
que siempre
me has mentido.
Y luego, vete.
De una vez
y para siempre,
vete.
Yo aquí me quedaré
llorando para mí,
porque no te quise ver
y yo también me mentí.
Pero esta vez,
por fin,
libre y sin ti lloraré.

(Del libro La voz por ti encontrada. Lo puedes encontrar aquí).

¿Te has encontrado alguna vez dentro de una relación en la que te quedaste más tiempo del que en realidad querías? Si es así, ¿a qué atribuyes el haberte quedado? ¿Tenías miedo a algo? ¿Sentías la necesidad de mantener algo? ¿Con qué relacionabas el hecho de estar sin esa persona? ¿Hasta qué punto estabais realmente unidos, y hasta qué punto estabais encadenados el uno al otro? ¿Hasta qué punto lo que había entre vosotros era amor, y hasta qué punto era necesidad y dependencia?

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¿Recuerdas la última vez que no te viste, o no te quisiste ver, y acabaste sufriendo?

 

 

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