Un mundo azul: una metáfora sobre el despertar de la consciencia

Imagina por un momento que un tiempo después de nacer, cuando tenías unos 3 años, te compraron unas gafas con cristales de color azul y te las colocaron. Tú no lo recuerdas porque hace muchos años de eso, pero siempre las has llevado puestas.

Ahora mismo, eres un adulto y lo ves todo de color azul: te ves de color azul, ves a los demás de color azul y ves el mundo de color azul. Estás completamente convencido de que todo es azul y nadie te puede decir ni convencer de lo contrario, porque ¿Cómo podría ser de otro color? No es posible! Así que, a la mínima que alguien empieza a poner en duda el color del que ves el mundo y te ves a ti mismo, te enredas en discusiones acaloradas para defender tu postura: el mundo es azul y siempre lo ha sido!-dices.

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Tienes amigos que ven el mundo de otros colores, de color rosa, de color verde, de color negro… y no puedes entenderlo. Pero, por suerte, también tienes amigos que lo ven de colores similares al tuyo (azul claro, azul oscuro, azul turquesa) y, la verdad, te sientes más próximo y más cómodo con ellos que con otras personas. “Menos mal que ellos lo ven como yo”, piensas.

 

De repente, un día, mientras vuelves del trabajo en bicicleta, sufres una caída fuerte al chocar con un auto que se ha saltado un semáforo en rojo. Sales volando por los aires. Y tus gafas azules también.

No sabes cómo has llegado hasta allí pero te encuentras en una habitación de hospital. No sabes que has estado unos cuantos días inconsciente después del tremendo golpe que te diste en la cabeza. Por suerte, estás vivo, estás bien, y en unos días volverás a casa.

Has vuelto a casa, has vuelto a tu vida normal, a quedar con tus amigos, al trabajo. Sin embargo, sientes que el mundo es diferente, las personas con las que te relacionas son las mismas, sin embargo, son diferentes. Tú tampoco eres el mismo. ¿Por qué será? - te preguntas.

Un día, te sientas en un banco a la salida del trabajo. Te sientas a observar, simplemente a observar, y te das cuenta de que el mundo ya no es azul. Te miras las manos, las piernas, los pies. Ya no son azules. Miras la gente que pasa ante ti. Tampoco son de color azul. Ves infinitos colores a tu alrededor y mueres de ganas por explorar este mundo nuevo que se abre ante tus ojos.

Empiezas a echar la vista atrás y te viene a la mente tu accidente de bici. “Algo debió pasar allí que no recuerdo y por eso el mundo ya no es azul”.

Esto te tiene un poco preocupado, no puedes entenderlo, y comienzas a indagar, a leer, a buscar respuestas por todas partes. Lanzas preguntas al aire y las respuestas vienen solas, como por arte de magia, a través de libros, películas, carteles en la calle, personas que no conocías…

Una noche te despiertas, te levantas de la cama acalorado. Has tenido un sueño muy extraño. Te han mostrado gafas de muchos colores, entre ellas, unas gafas de color azul, como las tuyas. Todo el mundo las lleva puestas. Y comienzas a recordar. Parece que las piezas del puzle están encajando.

Parece ser que habías estado viviendo en un sueño y te das cuenta de que, en realidad, no sabías nada, ni sobre ti, ni sobre el mundo.

Te dispones a vivir AHORA. Pero, esta vez, DESPIERTO.

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