Relación individuo - grupo (1). Visión y recursos desde el ego: modalidades de pertenencia a un grupo

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La llegada de una nueva persona a un grupo, a un equipo, a un colectivo de cualquier tipo, es un acontecimiento importante. Puede que, aparentemente, ese acontecimiento no parezca tener un gran impacto en el colectivo y en cada uno de las personas que lo forman. Pero, en realidad, siempre lo tiene, y siempre es más extenso y profundo de lo que se suele percibir. La falta de consciencia de ese impacto es resultado, en parte, de la desconexión entre las personas en las que nos hemos acostumbrado a vivir.

En el encuentro entre una persona y un grupo se activan, desde el primer instante, las creencias sobre pertenencias a los grupos que cada persona y grupo tiene, tanto si son conscientes de tenerlas y de cuáles son, como si no lo son. Todos tenemos formadas ideas más o menos claras y definidas sobre qué debería pasar cuando una persona y un colectivo se encuentran por primera vez. Esas creencias se manifiestan en comportamientos asociados a ellas y están detrás de lo que cada persona y cada grupo aplica para afrontar la nueva situación.

Creo que algunas de las preguntas que yo mismo me he hecho cuando me he encontrado llegando a un colectivo nuevo pueden resultarte familiares:

  • ¿Qué se espera que yo haga como miembro de este colectivo?

  • ¿Qué aspectos de mi forma de estar en el mundo voy a poder compartir, mostrar, y cuáles no?

  • ¿Qué puede ocurrir si...?

  • ¿Hasta qué punto voy a poder actuar y expresarme a mi manera?

  • ¿Qué puede pasar si me mantengo distante?

  • ¿Qué puede pasar si me acerco demasiado?

  • ¿Hay algo en mí que pueda ser rechazado por alguien aquí? 

  • ¿Cómo me siento viniendo aquí?

  • ¿Qué sensaciones me produce estar aquí?

  • ¿Qué ideas preconcebidas tengo en mi mente relacionadas con este grupo?

  • ¿Qué espero de estas personas?

  • ¿Qué espero de mí?

Y estas son algunas de las que me he hecho cuando alguien ha llegado a un colectivo en el que yo ya estaba:

  • ¿Hemos hecho lo suficiente para transmitir a esta persona que es bienvenida?

  • ¿Hemos hecho lo suficiente para transmitir a esta persona que somos conscientes de que tal vez haya muchas cosas que no conoce todavía y puede que se sienta perdida o desorientada?

  • ¿Qué esperamos de esta persona?

  • ¿Hasta qué punto hemos cambiado o estamos cambiando nuestra forma de estar en el mundo para facilitar la incorporación de esta persona?

  • ¿Qué solemos hacer cuando llega una persona nueva?

  • ¿Qué deberíamos hacer cuando llega una persona nueva?

  • ¿Qué va a cambiar como resultado de la llegada de esta persona?

  • ¿Cómo me va a afectar a mí?

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Algunas sencillas herramientas de dinámica de grupos nos pueden ayudar a entender y afrontar este tipo de situación, todavía desde el ego, pero más conscientemente, más eficazmente, y no desde la cabeza ni desde protocolos y estructuras establecidos, sino desde la comprensión profunda que proviene de mirar dentro de las personas que se encuentran en dicha situación. 

Una de las teorías que nos pueden ayudar, tanto si somos la persona que lleva al colectivo, como si somos parte de ese colectivo, es la de Pierre Turquet, presentada en un artículo titulado 'Amenazas a la identidad en un grupo numeroso'. Turquet cree que la relación entre una persona y un grupo puede ser de una de las tres formas que paso a explicar a continuación, o una combinación de varias de ellas.

A la primera la llama SINGLETON, y consiste en que el individuo, aunque formalmente es parte del grupo, en realidad todavía no forma parte de él, ni ha establecido todavía ninguna relación con el grupo como tal. Corresponde al período en que el individuo permanece fuera del grupo, incluso cuando está presente en él. No ha establecido todavía relaciones y no tiene aún ningún rol dentro del grupo. Se caracteriza por la desorientación, la incomodidad, y cualquier tipo y grado de reacción emocional que se tenga en relación con esta situación. Con frecuencia, se describe esta situación como de "falta de integración", cuando es vista desde el colectivo, o como de "falta de apertura", cuando es vista desde el individuo. 
La imagen muestra la posición en que el individuo y el grupo se pueden encontrar, con la suficiente distancia como para que se distinga perfectamente a uno y otro:

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La segunda forma de relación es la de INDIVIDUAL MEMBER, y corresponde al estado en el que el individuo ha establecido una relación con el grupo como tal y con otros individuos que lo integran, y tiene un rol dentro del grupo. Todo esto, además, manteniendo unas fronteras, unos límites, que permiten diferenciar perfectamente al individuo y al grupo.  Se caracteriza por la convivencia entre lo individual y lo colectivo, ambos diferenciados y, al mismo tiempo, abiertos a la mutua influencia. Esta es una forma sana de compaginar la individualidad y la colectividad, sin que ninguna de ellas desaparezca ni se sienta mermada por la otra.

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La última forma de relación de la que nos habla Turquet es la de MEMBERSHIP INDIVIDUAL, y corresponde al estado en el que la pertenencia al grupo predomina sobre la diferenciación y la definición individual. Supone la eliminación o casi eliminación del estado del INDIVIDUAL MEMBER. Se caracteriza por la supresión de la individualidad y el sometimiento (explícito o implícito) a lo grupal. El individuo puede vivir esta situación como agobiante, opresiva, autoritaria. Por su parte, el grupo la vive con alivio, pues, sin ser conscientes de ello, sus miembros creen necesitar la anulación o casi anulación del individuo para sentir que la supervivencia del grupo está asegurada.

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Intuitivamente, trabajamos con todos estos conceptos, estos estados, estas formas de relación, aunque no seamos conscientemente de que los utilizamos. Los vivimos y están detrás de algunos de nuestros comportamientos, tanto si somos la persona que llega al grupo como si somos miembros del grupo al que llega la persona nueva.

Ninguno de los tres estados es inamovible ni tiene por qué ser definitivo. De hecho, Turquet afirma que el simple hecho de pasar de uno a otro es una elección que puede suponer una reafirmación de la individualidad. Pero, aunque ninguno de los tres estados sea inamovible ni definitivo, vivimos internamente la tensión entre ellos, especialmente si la posición en la que nos encontramos no coincide con la posición en la que nos gustaría estar.

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Parte del proceso de incorporación de una persona a un colectivo nuevo consiste, precisamente, en el trabajo interno y los comportamientos que la persona y el colectivo llevan a cabo en relación con esto. Y no solo es importante lo que se haga en el mundo interno de cada cual, sino también lo que se haga hacia fuera. Con mucha frecuencia, cuando una persona y un colectivo se encuentran por primera vez, se insiste mucho en no hacer nada diferente, o en hacer algunas cosas diferentes breves, rápidas, poco significativas, y poco duraderas. El resultado suele ser que se asuma que la mayor parte del trabajo de ajuste a la nueva situación la deba hacer la persona que llega. 

Independientemente de lo que ocurra, es frecuente que la desconexión de la que se parte siga presente incluso después de que haya pasado un tiempo y parezca que el proceso de encuentro ha terminado. La clave, pues, está precisamente en llegar a ser conscientes del grado de desconexión con nosotros mismos y con los demás en el que vivimos para, a partir de ahí, entender que los grupos, los colectivos son, en realidad, una oportunidad para la re-conexión, como veremos pronto en otro artículo.


 

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