La meditación como herramienta terapéutica y de auto-conocimiento

La meditación es una práctica que, en sí misma, no tiene ningún misterio, es fácil meditar. Lo difícil es ponerse a hacerlo y, más aún, convertirla en una rutina, para poder ver desplegarse sus innumerables beneficios a largo plazo en nuestra vida. Sin embargo, es solo desde este punto que podemos encontrar el verdadero significado y sentido del “sentarse a no hacer nada”.

Meditar es, como yo digo, tener una cita con uno mismo. Consiste, en su forma más básica, en sentarse y respirar, centrando la atención en nuestra respiración o en un objeto (interno o externo), durante un tiempo determinado.

Teniendo en cuenta la “vida de locos” que llevamos en nuestra sociedad, es casi un lujo “pararse”, e incluso, para algunos puede resultar incómodo o aburrido, lo cuál no hace más que corroborar lo enfermizo de nuestro ritmo de vida occidental.

Y en este punto, os contaré una anécdota que creo que refleja muy bien esto que acabo de comentar. Cuando trabajaba de maestra de música con niños de 3 a 12 años, implementé la meditación en nuestra rutina diaria, y me resultó increíble ver cómo a medida que crecían en edad, mayor era su necesidad de “estar haciendo algo” todo el tiempo. La meditación diaria duraba unos 5 minutos, y la realizábamos acompañada de música pues, para empezar, les resultaba mucho más ameno. Después, al terminar, hablábamos un poco, entre todos, sobre lo que habíamos sentido. La mayoría respondían cosas como “aburrimiento total” o “yo necesito hacer algo, sino me duermo”. Otros decían que la meditación les hacía relajarse, y unos pocos me soltaban cosas como “he tenido la ocasión de reflexionar sobre cosas importantes para las que normalmente no tengo tiempo porque siempre estoy haciendo algo”, y me dejaban con la boca abierta.

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Estamos tan acostumbrados a “hacer” que ya no sabemos simplemente “ser” o “estar”, y menos aún, “aquí y ahora”.

 

En terapia transpersonal, la meditación es una herramienta terapéutica básica, tanto para el terapeuta, que no deja nunca de trabajarse a sí mismo, como para el cliente, que habrá de comenzar a incorporarla a su día a día.

Podríamos citar infinidad de efectos benéficos de esta práctica, sin embargo, aquí nos centraremos en algunos de ellos, atendiendo a la meditación desde 2 puntos de vista:

-         como herramienta de autoconocimiento y auto-consciencia, por un lado.

-         como herramienta terapéutica, por otro lado.

Cabe destacar que, aunque aquí lo esbocemos de esta manera para que quede más claro, como dos sub-apartados, en realidad todo forma parte de un mismo proceso, pues no hay sanación sin auto-conocimiento y auto-consciencia, y viceversa.

La meditación como herramienta de conocimiento y auto-consciencia

La meditación constituye una herramienta de conocimiento de uno mismo, por un lado, y del universo del que formamos parte, por otro lado. La meditación nos ayuda a ponernos en contacto con la “consciencia testigo”, nuestro observador interno.

A medida que desarrollamos esta capacidad de auto-observarnos, nos vamos dando cuenta (tomando consciencia) de nuestros pensamientos, emociones, creencias, patrones, personajes interiores, y en general, de toda la estructura interna que constituye nuestra personalidad. Pero además,  nos permite también, ver que no somos solamente nuestra personalidad, que no somos aquello que pensábamos que éramos, y nos abre a un re-conocimiento de nuestro verdadero ser, que se sitúa más allá de nuestro cuerpo físico-mental-emocional.

De esta manera, y por analogía, re-conocemos al resto de seres que habitan en el planeta y re-conectamos desde otro punto con todos ellos, sintiendo que todos formamos parte de lo mismo y que la fuerza que nos une y que nos mueve es la misma.

Este conocimiento, este saber, no es racional, no es una comprensión del universo a base de leer y entender libros de ciencia. Es una comprensión intuitiva y desde el corazón, que ya sabe, sin necesidad de explicaciones. Y este es otro de los regalos de la meditación, la re-conexión con nuestro saber intuitivo y con nuestro corazón.

Además, la meditación es un recurso indispensable para la evolución de nuestra consciencia. Nos ayuda a tomar conciencia de nosotros mismos, de nuestro mundo interno, de cómo funcionamos, de los mecanismos de nuestro ego, de nuestras sombras, para poder integrar, aceptar, trascender y liberar.

Vivimos determinados y “aprisionados” por nuestros mecanismos egóicos, muchos de ellos inconscientes. Gran parte de nuestro sufrimiento viene dado por estos patrones tan interiorizados, que no somos capaces de trascender porque no sabemos ni que están ni que nos dominan. Interpretamos la realidad en base a ellos, a nuestra estructura de personalidad básica. Pensamos ser libres y saber quiénes somos cuando, en realidad, al comenzar este camino de auto-conocimiento y auto-consciencia, nos damos cuenta de que llevábamos toda la vida con nosotros mismos y no teníamos ni idea.

La meditación nos ayuda a tomar consciencia de todo ello, a mirarlo de frente y a trascenderlo. A desarrollar una mirada compasiva con nosotros mismos, y por ende, con la demás personas que nos rodean. Pues cuanto mayor es la consciencia de nosotros mismos y mejor nos conocemos y comprendemos, mejor conocemos y comprendemos el interior de las demás personas.

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Beneficios de la meditación como herramienta terapéutica.

Además de lo que hemos visto en el apartado anterior, la meditación como herramienta terapéutica tiene un sinfín de beneficios para nuestra vida y nuestra forma de estar en el mundo. Aquí os dejo unos cuántos:

-         Relaja el sistema nervioso y reduce la presión sanguínea.

-         Nos conecta con estados de paz interior, felicidad y gozo.

-         Mejora nuestra atención y concentración.

-         Nos ayuda a cuidar nuestro diálogo interno, la “cháchara mental”, y regular nuestros estados emocionales.

-         Ayuda a dormir y descansar mejor.

-         Contribuye a la producción de hormonas de la felicidad (serotonina, endorfina) y reduce la producción de hormonas del estrés (adrenalina, cortisol).

-         Nos permite trabajar el hemisferio derecho del cerebro, ayudándonos a desarrollar nuestra creatividad, nuestra intuición…

-         Nos ayuda a desapegarnos de nuestro propio personaje y nuestra propia historia mental y ver las cosas desde otro punto más elevado de consciencia, lo cual nos permite ser menos reactivos y poder elegir cómo responder ante determinadas situaciones.

Y hasta aquí, algunos de los beneficios que nos aporta la meditación. Si se te ocurre alguno más y quieres compartirlo con nosotros y otros lectores, te esperamos en comentarios. :) 

 


 

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