Cómo la meditación nos puede ayudar a escuchar mejor (3)

Terminaba el segundo artículo de esta serie diciendo que, desde el amor, podemos relacionarnos con nosotros primero, y con otras personas después, de una manera muy diferente a como lo hacemos desde el miedo. Y eso incluye también, por supuesto, nuestra forma de estar en una conversación con cualquier persona.

El primer paso es volver a conversar con nosotros mismos. Volver a mirar hacia dentro, a nuestro mundo interior, con amor, con plena aceptación, sin juzgarnos, sin criticarnos, sin azotarnos con la enorme variedad de látigos de todo tipo que somos capaces de inventar. A veces nos puede parecer que es muy difícil conversar con nosotros mismos desde el amor, por las razones que sean. Da igual. Ninguna de las que podamos imaginar es realmente nuestra. No solo es posible hablar con nosotros mismos desde el amor: amor es lo que somos, y amarnos a nosotros mismos desde la plena aceptación es, de verdad, lo que queremos, lo que buscamos, pero no porque no hayamos aprendido todavía a hacerlo, sino porque hemos olvidado que eso es justamente lo que somos y lo que mejor sabemos hacer.

Es posible también conversar con otros desde el amor, independientemente de cuál sea el tema de conversación. Porque el amor se manifiesta, antes que nada, en cómo estamos en el mundo, en cómo hacemos lo que hacemos cuando hacemos algo. Y conversar desde el amor es muy fácil, porque en realidad es nuestra naturaleza y nuestro deseo profundo, cuando estamos conectados con nosotros mismos, des-identificados con aquello que no somos, y plenamente presentes en el momento, abiertos a lo que haya en él. Abiertos, en el caso de las conversaciones con otras personas, a lo que ellas quieran compartir con nosotros.

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Para ayudarnos a voler a adquirir el hábito de conversar desde el amor, podemos hacer varias cosas. En primer lugar, podemos ayudarnos a vernos desde fuera, a observarnos en este tipo de interacciones. Nos podemos hacer varias preguntas sobre esto. Algunas de las preguntas clave podrían ser las siguientes:

  • ¿Cómo interactúo con otras personas?
  • ¿Cómo me siento cuando la interacción va bien?
  • ¿Cómo creo, o sé, que se siente la otra persona cuando la interacción va bien?
  • ¿Qué hago cuando siento que la interacción va bien?
  • ¿Cómo me siento cuando la interacción no va bien?
  • ¿Cómo creo, o sé, que se siente la otra persona cuando la interacción no va bien?
  • ¿Qué hago cuando noto que la interacción no está yendo bien?
  • ¿Qué espero que haga la otra persona cuando la interacción no está yendo bien?
  • ¿En qué consiste realmente la comunicación entre dos personas que se hablan?

Es importante que tenga presente que cualquier conversación es el resultado de lo que todas las personas implicadas en ella hacen. También, que no tengo ningún poder de decisión sobre lo que haga la otra persona, pero sí, siempre, sobre lo que haga yo, y en las situaciones como la descrita aquí, probablemente mi primera labor sea detener el flujo de pensamientos en mi mente que llenan el espacio que la otra persona y yo necesitamos que esté disponible para estar verdaderamente escuchándola. Para ello necesito:

  1. Darme cuenta de que mientras la otra persona me habla, yo me estoy hablando también dentro de mi cabeza y, al mismo tiempo que la oigo a ella, me estoy escuchando a mí.
  2. Darme cuenta de que tal vez tengo una cierta prisa por que ella termine de hablar. Mi cuerpo me lo puede estar indicando de varias formas.
  3. Darme cuenta de que si la otra persona, de repente, se perdiera y se preguntara o me preguntara '¿por dónde iba? ¿qué estaba diciendo?' para reencontrar el hilo, tal vez yo no sería capaz de ayudarla porque tal vez yo tampoco recordaría lo que me estaba diciendo.
  4. Darme cuenta de que, muy probablemente, estas tres cosas están pasando también en la cabeza de la otra persona. La señal más clara de que es así es que, como yo, no detiene, ni interrumpe, ni se sale de este baile extraño y falso en el que estamos.
  5. Decidir precisamente eso: parar. Esto lo puedo hacer, como mínimo, de tres formas diferentes. Una consiste en salirme del baile, dejar la interacción, e irme, sin explicar por qué, y quizá utilizando cualquier excusa, lo cual no modifica nada. La segunda consiste en pararme y compartir con la otra persona el hecho de que me he dado cuenta de todo lo que pasaba por mi cabeza, de cómo pienso o siento que estaba yendo la interacción, y quedarme en la situación, a ver qué ocurre justo después de esto. La tercera consiste en detener ese flujo de ruido en mi mente y permitir que lo único que entre en ella sea lo que provenga de la otra persona, para lo cual tal vez necesite entrenarme durante un tiempo hasta desarrollar el hábito que me permita hacer esto al instante. 

En cualquier caso, conviene que me diga a mí mismo que si me doy cuenta de que la interacción es o se ha convertido en un falso baile de este tipo, solo por el hecho de darme cuenta no va a cambiar, ni tampoco por el hecho de esperar a que la otra persona haga algo para que cambie. Y, llegados aquí, es importante que recuerde que, para ella, la otra persona soy yo.

Así pues, parece que una interacción de este tipo solo puede cambiar si alguien hace algo para contribuir a que cambie. Puede parecer obvio, pero si realmente lo fuera, este tipo de interacciones no se producirían, al menos no con la que frecuencia con la que me parece que se dan.

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La meditación nos ayuda a desapegarnos de todo aquello que cruza por nuestra mente, y a volver a poner nuestra atención, una y otra vez, en un mismo punto de referencia, que puede ser nuestra respiración, un objeto, un valor, una palabra, un sonido. De la misma forma que podemos entrenar nuestra mente para hacer esto, podemos entrenarla para que se desapegue también de todo aquello que pasa por ella mientras otra persona nos habla, y para poner toda nuestra atención, tantas veces como sea necesario, en una sola cosa: lo que esa persona nos está diciendo.

Y, así, escucharla con toda nuestra atención, con plena presencia, desde el amor manifestándose a través de nuestra plena atención y respeto.


 

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