Relaciones humanas y manipulación emocional

En el presente post hablaré sobre la manipulación emocional y las relaciones personales.

Mi interés sobre este tema viene, como siempre, por mi propia experiencia personal, por haber estado durante años en relaciones de dependencia que me estaban destruyendo por dentro sin que yo fuese consciente de ello, por mi propio camino de autoconocimiento y sanación. 

He leído últimamente artículos en los que se habla de “personas tóxicas” con títulos como "Cómo alejar a las personas tóxicas de tu vida” o “Los 7 rasgos que te permitirán identificar a una persona tóxica”.

Yo prefiero hablar de “relaciones tóxicas” pues lo que es disfuncional es la relación que mantenemos con esas personas, no las personas en sí. 

Dado que la vida en general, y las relaciones que mantenemos en particular, son un espejo de nosotros mismos, si estamos manteniendo relaciones disfuncionales con alguna persona de nuestro entorno es porque algo dentro de nosotros tenemos que revisar. Esa persona está, por tanto, cumpliendo un papel en nuestra vida: nos está mostrando alguna parte de nosotros que hemos de revisar y sanar. Y normalmente, el origen, se encuentra en nuestra infancia y en la relación con nuestros padres.

Para entender mejor esto, explicaré El triángulo dramático de Karpman, que aunque tiene un nombre muy raro, es muy habitual que se de en nuestras relaciones con otros.  Al menos, hasta que tomamos consciencia y decidimos salir del juego.

Y hablo de juego porque en realidad lo es: es un juego al que entramos de formainconsciente, en nuestras relaciones con los demás, y adoptamos uno de los tres roles que ahora explicaré. Evidentemente, es una forma de interaccionar aprendida (normalmente en el entorno familiar y en la niñez) y la persona que está desempeñando cualquiera de estos roles no es consciente de que lo está haciendo, solo siente/sabe (porque esto sí es patente) que sus relaciones con los demás son complicadas.


El triángulo de Karpman (también llamado “triángulo de la manipulación”) es una herramienta del Análisis Transaccional que nos ayuda a hacer conscientes patrones disfuncionales de comportamiento en nuestras relaciones con los demás. Los tres roles básicos son: el perseguidor, el salvador y la víctima, como se muestra en este esquema.

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Rol del salvador: la persona que ejerce este rol en una relación suele ofrecer su ayuda amablemente, se dedica a resolver los problemas de los demás, a aconsejar, aparentemente, sin pedir nada a cambio. Cuando ve que le sobrepasa la responsabilidad de ayudar al otro (que él mismo se ha autoimpuesto de forma inconsciente), suele lamentarse de sobrecarga de trabajo y del escaso agradecimiento de la otra persona.

Rol de víctima: la persona asume este rol cuando se pone la etiqueta de que no puede solucionar su problema y no se hace responsable del mismo, buscando a alguien que se lo  resuelva. La víctima suele quejarse de todo lo que les sucede en la vida, siente que el mundo es injusto con ella y que no puede hacer nada por cambiar.

Rol del perseguidor: reconoceremos a una persona que desempeña este rol porque siempre está juzgando todo y reprochando a otros su forma de actuar o de ser. Pueden hacerlo de forma transparente o no (por ejemplo: cuando se critica al otro a sus espaldas).

Es interesante destacar aquí dos aspectos fundamentales:

Para que haya una víctima, ha de haber un perseguidor. Por ejemplo, Pablo (por poner un nombre) se queja de que María se hace la víctima constantemente (compañera de trabajo, amiga, familiar) y siempre acude a él para quejarse de sus problemas. Es seguro que Pablo estará desempeñando también su rol en ese juego (lo más seguro es que sea “el salvador”, cuando ayuda a María, y “el perseguidor”, cuando se queja de que ésta siempre acude a él). Lo que ha de hacer es darse cuenta de que está dentro del juego y no ver solo la otra parte.

El rol que desempeña una persona en la relación puede ir variando: no siempre se es salvador, no siempre se es la víctima y no siempre se es perseguidor.  Como hemos visto en el ejemplo anterior, Pablo iba cambiando el rol, de salvador a perseguidor.

El primer paso para salir de este triángulo en nuestras relaciones es darnos cuenta de que estamos en él, es decir, tomar conciencia. Una señal inequívoca de que estamos dentro es que la relación es complicada: hay reproches contínuos, hay peleas por tonterías, hay control, celos, etc.

El segundo paso es ir analizando qué roles concretos estamos desempeñando en nuestras relaciones: puede que, por ejemplo, con tu madre, suelas desempeñar normalmente el rol de perseguidor, con alguno de tus amigos el de salvador, etc.

El tercer paso es comenzar a cambiar nuestro comportamiento. Actuar de modo distinto a como lo hemos hecho hasta el momento. Si por ejemplo sueles adoptar siempre el rol de salvador, dejar de volcarte tanto en los demás, dejarles su espacio para que se equivoquen, dejar de intentar resolver todos sus problemas. Y preguntarnos el por qué.

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Para poder dar ese salto y cambiar nuestros patrones de comportamiento, salir del triángulo, hay que superar el miedo a no ser queridos del que hablo en otro de mis posts (Miedos, consciencia y capacidad de elección), pues en realidad, estas formas insanas de relacionarnos con los demás provienen de este miedo y fueron aprendidas en la infancia, con nuestra familia (modelo relacional que todos llevamos incorporado). Aprendimos a actuar de estas formas “para que nos quisieran”, “para ser aceptados”, “porque si hago esto, mi mamá no se enfada”, “porque si hago esto, mi papá me compra un regalo”, “porque si escucho a mi mamá, me quiere más”, etc.

Desgraciadamente, es así, todos hemos vivido en mayor o menor grado, relaciones familiares disfuncionales, aunque nos parezca que no. Nos parece que no porque no somos conscientes, claro. Sin embargo, nuestras relaciones adultas son el reflejo de lo que fueron nuestras relaciones en nuestro núcleo familiar. 

Pero como siempre ocurre, la vida ya se encarga de ponernos delante las situaciones adecuadas para que podamos comenzar a mirar adentro y sanar. Solo mirando adentro de nosotros hallaremos la luz pues el exterior solo nos refleja lo que adentro no anda bien. Mirar adentro, tomar conciencia, sentir el dolor y desaprender es la única manera de comenzar a sanarnos, tanto interior como exteriormente.

No se trata de buscar culpables, pues no los hay, ni buenos, ni malos. Todo esto es continuar dentro del triángulo del que hemos estado hablando. Lo que hay es personas que se encuentran en diferentes estados de conciencia y cada cuál actúa según el nivel de conciencia en el que se encuentra en cada momento. De lo que se trata es de ampliar el nuestro propio, de abrir los ojos y responsabilizarnos de nosotros mismos. 

Como decía C.G.Jung "Quien mira afuera, sueña. Quien mira adentro, despierta".

 

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