Relación individuo - grupo (2). Los grupos, una oportunidad para la re-conexión

Nuestra relación con nuestros padres durante la infancia nos dejó heridas que nos llevaron, inconscientemente, a construir máscaras, personajes internos, para ayudarnos a sobrevivir y salir adelante, en el seno de nuestra familia primero, y más allá de ella después.

La relación entre nuestros padres fue el primer modelo de relación de pareja que interiorizamos y reproducimos. A medida que vamos pasando por relaciones de pareja a lo largo de nuestra vida, tenemos la oportunidad de ir creando nuestro propio modelo, a base de trabajar con nuestro interior de forma intensa y constante. De la misma forma, la relación con toda nuestra familia como colectivo durante la infancia nos dejó grabada la primera plantilla de relaciones grupales de nuestra vida.

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Nuestras numerosas vivencias con grupos de todo tipo a lo largo de nuestra vida nos dan la oportunidad de llevar a cabo tres tareas básicas:

  • Hacernos conscientes de las heridas acumuladas, no sanadas, que viven dentro de nosotros relacionadas con la vida grupal.

  • Hacernos conscientes de nuestra forma de estar en el seno de un colectivo, de nuestras creencias relacionadas con ese tema, de nuestros apegos, de nuestras destrezas.

  • Redefinir nuestro modelo de relación grupal, para sanar y trascender la plantilla con la que salimos de nuestra infancia, expandir nuestra consciencia para acercarnos a la esencia de nuestro Ser, y vivir la re-conexión con los otros.

Todas estas tareas tienen que ver con la re-conexión. Esa es la palabra clave. La re-conexión de cada persona con su centro, con su Ser para, primero, re-conocerse como un ser amoroso y, después, re-conectar con las pesonas a su alrededor, desde las más cercanas e íntimas hasta las más alejadas y desconocidas.

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La expansión de consciencia, el despertar espiritual, no afectan solo a nuestras relaciones con nosotros mismos, con nuestra familia, nuestra pareja, nuestros amigos, sino también a cualquier relación con cualquier persona y, por supuesto, a nuestras relaciones grupales, en cualquier ámbito, momento y situación en que se den. La sanación de esas relaciones grupales es también parte del camino de sanación de la tristeza de la separación, de nuestra vuelta a casa, de nuestra re-conexión con nuestro origen, de nuestro re-conocernos como seres espirituales encarnados que son uno con el todo y cuyo centro no está en la mente, sino en el corazón.

“Tus palabras me conmovieron’ - dijo Peter. ‘Cuando nos explicaste cómo lloraste frente a las ballenas, se me saltaron las lágrimas también. Algo en tu historia evocó una inescrutable tristeza en mí. No sé de dónde viene.’
Otto alzó la mirada. ‘Es la tristeza de la separación,’ dijo.” (1)

Aunque lo hayamos olvidado, e incluso aunque no lleguemos a recordarlo nunca, todos estamos en este mundo y en esta vida, en realidad, para contribuir a la expansión de la consciencia, cada cual a su manera según sus propios dones y talentos y su grado de desarrollo consciencial. Cuando no es así es porque estamos desconectados de lo que realmente somos. Todos formamos parte también de colectivos diversos: familia, compañeros de colegio, amistades, grupos y equipos de trabajo, colectivos relacionados con actividades de ocio, etc. Cada vez que una persona participa en un colectivo, sale al encuentro de su entorno, y ese momento se convierte en un punto de encuentro entre lo que hay dentro de ella y ese entorno al cual esa persona puede hacer una contribución que solamente ella puede hacer. El proceso de participación consciente de una persona en un colectivo, del tipo que sea, es un viaje desde el centro mismo del mundo interior de esa persona hacia el centro mismo del mundo interior de las personas con las que se relaciona y, por tanto, las personas sobre las que tiene un impacto. Se trata de pasar de las relaciones de cabeza a cabeza, a las relaciones de corazón a corazón como el camino que nos lleva a las relaciones de alma a alma.

Sin embargo, esta no es la visión predominante sobre en qué consiste un grupo, o un colectivo cualquiera. Estamos acostumbrados a que los colectivos se identifiquen con alguna característica externa que creemos que los aglutina y define: una ideología política, unas creencias religiosas, una actividad de ocio, un proyecto empresarial, unos apellidos, una raza, una lengua, un territorio… Nos hemos inventado muchas formas de agruparnos creyendo que eso externo que nos aglutina es, de verdad, la razón de ser de nuestro agrupamiento y, en ocasiones, incluso una parte vital e innegociable de nuestra identidad. En realidad, no es nada de eso, sino una excusa que confundimos con una motivación verdadera precisamente porque hemos olvidado qué somos. Lo que buscamos a través de las excusas por las que nos agrupamos es re-conocernos, re-encontrarnos y re-conectar, seamos conscientes de ello o no. Por eso, lo verdaderamente importante en cualquier colectivo no es lo material, ni los artefactos mentales que creamos para definirlos y estructurarlos, ni su actividad, ni sus resultados. Lo verdaderamente importante es nuestro punto de desarrollo consciencial y nuestra forma de estar en los colectivos en los que estamos, derivada de la expansión de nuestra consciencia. 

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Por eso es especialmente importante prestar atención a la expansión de la consciencia de las personas dentro de un colectivo y las diferentes formas de re-conexión que se pueden establecer entre ellas. Dedicarnos a mejorar las relaciones grupales y sanarlas es una prioridad emocional, psicológica y espiritual y, como documenta la obra del Dr. Michael Newton, también un reflejo de formas de organización de las almas en el plano espiritual:

“Tengo la impresión de que las personas que creen que tenemos un alma suponen que todas las almas están mezcladas en un gran espacio. Antes de comenzar las sesiones, muchos de mis pacientes también comparten esta opinión. No es raro que al despertar se sorprendan al enterarse de que todo el mundo tiene un lugar designado en el mundo espiritual. Cuando comencé a estudiar la vida en el mundo espiritual con la ayuda de personas bajo hipnosis no estaba preparado para escuchar que existen grupos organizados de apoyo a las almas. Había imaginado que los espíritus simplemente flotaban sin rumbo fijo después de dejar la Tierra.
La ubicación grupal viene determinada por el nivel de desarrollo del alma. Después de la muerte física, el viaje de regreso a casa termina cuando el alma desembarca en el espacio reservado para su propio grupo.” (Newton, M., 2013, p. 119).

NOTAS

(1) Senge, P., Scharmer, O., Jaworski, J., & Flowers, B.S. (2004). Presence: Human Purpose and the Field of the Future. New York: Doubleday.

(2) Newton, M. (2013). El Viaje de las Almas. Madrid: Arkano Books.



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