La crisis de la mediana edad: la llamada del Ser que resquebraja la armadura ya inservible.

La llamada ‘crisis de la mediana edad’ es una vivencia por la que todos pasamos, pero cada persona a su manera, con mayor o menor consciencia, y viviéndola con intensidad también variable. Hay personas que dan un cambio radical a su vida, llegando incluso a llevar una vida totalmente opuesta a la que llevaron antes, mientras que hay otras que dicen no haber notado absolutamente nada en los años en los que se supone que la crisis se manifiesta. Al mismo tiempo, este es un tema cargado de estereotipos y connotaciones que, con frecuencia, tienden a distorsionarlo más que a explicarlo.

Es una lástima, porque esta crisis puede ser una vivencia profundamente rica y liberadora, si uno la acepta y la atraviesa, en lugar de negarla, rechazarla o evitarla. Es, de hecho, el resultado de la llamada de nuestro Ser, que pide atravesar las capas de armadura de nuestro ego laboriosamente forjadas durante décadas, para mostrar su luz de forma inequívoca, y guiarnos hacia y durante la vivencia de lo trascendente.

Un día, casi de repente, aparentemente sin venir a cuento, algo sucede y, a partir de ahí, una serie de acontecimientos sobre los que parece que no tienes control empiezan a encadenarse. Lo que suceda puede ser desde muy pequeño, casi anecdótico, hasta muy aparatoso y dramático. Puede ser que te pongas enfermo, tal vez de una forma que tiene algo de ‘primera vez’; puede que alguien importante en tu vida desaparezca, y esa desaparición te afecte de una manera más profunda de lo que esperabas; tal vez conozcas a una persona inesperadamente, y desde el primer momento tenga un gran impacto en ti; puede ocurrir que vivas una crisis seria en el trabajo que, aunque se parezca a otras, tenga un tono más dramático, o te lleve a decirte o sentir cosas que no son del todo habituales; puede suceder que tu pareja te diga, de repente, que está muy cansada de la relación y quiere salirse de ella, o puede suceder que seas tú quien lo diga… Los ejemplos pueden ser infinitos. El desencadenante de lo que acabará siendo una crisis completa de tu vida tal como era en ese momento puede ser cualquiera, y puede darse en cualquier instante y ámbito de tu vida. 

Para saber en qué ámbitos de tu vida podrían aparecer las primeras señales, es muy útil conocer tu carta natal, especialmente los emplazamientos de Plutón a los 37 años, de Neptuno a los 41, de Urano a los 40-41 y de Saturno a los 43-44. Básicamente, cada uno de estas energías inciden en lo siguiente:

  • Plutón en cuadratura con el Plutón natal (sobre los 37 años) desencadena un proceso de profunda sanación que, muy probablemente, llevará a dejar ir muchas cosas a las que habíamos estado apegados.

  • Neptuno en cuadratura con el Neptuno natal (sobre los 41 años) se manifiesta como la pérdida de la ilusión por sueños o ideales alimentados hasta ese momento. Parece que, casi de repente, dejan de tener relevancia, valor, y esa “pérdida” puede llevarnos a sentir una profunda decepción, desilusión y desorientación.

  • Urano en oposición al Urano natal (sobre los 40-41 años) despierta un sentido único de individualidad, un deseo inédito de libertad, de expresión de una parte de nuestro interior que, hasta ese momento, habíamos estado negando o evitando.

  • Saturno en oposición al Saturno natal (sobre los 43-44 años) desencadena una profunda reestructuración de responsabilidades y compromisos. Las estructuras que habíamos creado para nosotros mismos para encajar en el mundo son sometidas a una minuciosa revisión, a un frontal cuestionamiento. Esto nos dará la oportunidad de dejar atrás las que sintamos que ya no nos sirven, que nos aprisionan más que liberarnos. 

Las casas de tu carta natal en las que se encuentren estos planetas por nacimiento y por tránsito te darán pistas muy valiosas y precisas sobre en qué ámbitos de tu vida se manifestarán los desencadenantes de la crisis o, mejor dicho, de las sucesivas crisis.

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Lo más probable es que, sea cual sea el desencadenante y el ámbito en el que se manifiesta, no venga solo, y sea el principio de una cascada de acontecimientos que parezcan tener alguna o varias de estas características comunes:

  • El impacto interno en ti es inusualmente intenso, y puede que, además, muy confuso. Puede, incluso, que te encuentres, al principio, como si no supieras qué hacer, ni cómo reaccionar, extrañamente perdido, o incluso que te sientas impotente, vencido, incapaz de hacer frente a las posibles consecuencias de lo que sea que haya sucedido. Esta sensación de impotencia, muy probablemente, sea nueva y puede llegar a ser sobrecogedora, precisamente por ser nueva en ti y por su intensidad.

  • Las estrategias que, en otras ocasiones, te han servido para aliviar tu malestar y sentirte mejor, no funcionan esta vez. Eso puede hacer que te sientas aún más perdido, hasta el punto de llegar a preguntarte seriamente y con temor qué es esto que te está pasando.

  • Llegas a sentirte en un callejón sin salida, desesperanzado, quizá incluso desesperado, incapaz de ver una salida ni un fin a lo que te está ocurriendo. 

  • Cosas importantes para ti que dabas por sentadas e inalterables, incluso definitivas, cambian, se rompen, se caen, o desaparecen, y las creencias que tenías sobre ellas dejan de servirte. Esas creencias tendrán que ser revisadas, y tu reacción ante esa necesidad de revisión tendrá mucho que ver con tu predisposición a contemplar nuevas posibilidades, a aceptar nuevas formas de ver las cosas.

  • Te encuentras interesándote por cosas que están muy lejos de las que habían sido tus principales intereses hasta ese momento. 

  • La imagen que tenías de ti hasta ese momento cambia también. Cosas de ti con las que te sentías plenamente identificado parecen perder su significado sin que sepas cómo ni por qué, mientras que parecen tomar vida otros aspectos de ti a los que quizá no habías prestado mucha atención. Puede que, en mayor o menor grado, dejes de reconocerte de la misma forma que antes en la persona que habías sido hasta el instante mismo de desencadenarse la crisis. Y, por cierto, es posible que personas de tu entorno tengan la sensación de no reconocerte del todo tampoco y de que, además, para algunas de ellas sea muy difícil verte en esa especia de “nuevo tú” que está a punto de asomar.

  • Independientemente del ámbito en el que se produzca el evento, externo o interno, desencadenante de la crisis, esta acabará afectando también a otros ámbitos de tu vida.

  • Tu cuerpo enferma.

  • Te sientes emocionalmente muy revuelto. Tus emociones pueden ser especialmente intensas, o ser especialmente sombrías, o cambiar con mucha rapidez. Puede que sientas miedo a morir.

  • Tienes la sensación de que te está ocurriendo algo sobre lo que no tienes control y te sobrepasa, algo que parece estar destruyendo porciones de tu vida sin que sepas qué puedes hacer para recuperarlas.

Este tipo de crisis suele empezar de forma aparentemente repentina aunque, en realidad, lo único que tal vez sea repentino sean algunos detalles  del acontecimiento desencadenante. Pero la gestación de la crisis y su desarrollo una vez iniciada pueden ser procesos largos, lentos y difíciles. 

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Aunque el comienzo parezca darse en un momento concreto, no ocurre lo mismo con lo que se podría llamar el ‘desenlace’ de la crisis. De hecho, puede que no haya nada que marque el momento en que ‘la crisis termina’. Más bien, te encuentras inmerso en un proceso largo y complejo en el que se van produciendo cambios profundos y muy significativos, a lo largo de una especie de oleadas de crisis. Sin embargo, aunque no haya un punto final de la crisis bien diferenciado, sí hay transformaciones que se van manifestando, que van solidificándose, para convertirse en el hilo con el que tejemos la segunda mitad de nuestra vida. Estas son algunas de las que puedes vivir:

  • Empiezas a prestarle mucha atención, o lo haces más aún que antes, a tu mundo interior. 

  • Entras en un proceso de sanación profunda de experiencias traumáticas vividas tiempo atrás, incluso en la infancia.

  • Descubres, re-descubres o refuerzas tu vivencia del sentido trascendente de la existencia.

  • Tu prioridad pasa a ser que tu vida sea auténtica. Quizá al principio no tengas muy claro qué significa esta palabra para ti, pero acabará adquiriendo significado. Probablemente, tenga que ver con vivir de manera que lo externo a ti esté tan alineado como sea posible con tu mundo interior.

  • Te resulta muchísimo más fáci darte cuenta de qué cosas en tu vida no te gustan y no quieres que sigan formando parte de ella. De hecho, las eliminas o, si ya lo hiciste, las mantienes fuera conscientemente. 

  • Tiendes a querer simplificar tu vida, a que haya en ella menos elementos que antes, pero más significativos para ti, porque ahora, más que nunca, quieres que estén claramente conectados, alineados, contigo.

  • Desarrollas aspectos de ti a los que antes prestabas poca atención, o ninguna. Puede, incluso, que estuvieras durante bastantes años negando, o rechazando, algunos de ellos como parte de ti mismo. Esto puede afectar a cualquier ámbito de tu vida, claro. Por ejemplo: puede que cambies radicalmente de profesión, y te dediques a algo que tenga muy poco, o nada, que ver con aquello a lo que te habías dedicado antes; puede que transformes tu relación con el dinero y el bienestar material: si antes te obsesionaba tener más y más, tal vez ahora pases a querer, consciente y decididamente, lo mínimo, o vicecersa; puede que redefinas parcialmente o por completo tu relación de pareja, si la tienes; puede que empieces a dedicar tiempo, energía y recursos materiales a ocupaciones, aficiones, intereses, a los que antes nunca o casi nunca te habías dedicado.

Tu concepto de lo que una crisis significa e implica evoluciona también, sobre todo si llegas a hacerte consciente de que los cambios son, en realidad, oportunidades que el Universo te brinda para expandir tu consciencia, desarrollar tu personalidad de una forma más auténtica y alineada con tu alma y descubrir (en realidad, recordar) cuál es tu propósito de vida realmente, aquello que de verdad viniste a hacer cuando decidiste volver al plano de la Tierra.


 

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