La historia de Carol

Mi nombre es Carol y me considero una buscadora de mundos invisibles, para mí, y desde siempre, más reales que aquello comúnmente considerado realidad.

Nací el 12 de noviembre de 1982, a las 3h del mediodía, en un hospital de Madrid. Mi familia biológica me abandonó al nacer. Pasé unos días en una incubadora porque nací un poco antes de lo previsto. Mis padres adoptivos me recogieron a los doce días y entré a formar parte de una familia valenciana que durante muchos años había intentado tener hijos sin éxito. 

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Fui una niña solitaria e introvertida. La enfermedad que tuve cuando era una niña influyó mucho en que mi mundo interior creciese día a día. A los 5 años me operaron de un herpes corneal en el ojo derecho, aunque ya estaba enferma desde hacía años, pero los médicos no sabían qué era lo que me ocurría. El hecho de que lo encontraran demasiado tarde, junto con el rechazo en el transplante de córnea que me efectuaron, hizo que perdiera prácticamente la visión en este ojo. Perdí también muchos días de colegio porque siempre estaba en el médico y perdí la oportunidad de aprender cosas que los niños de mi edad sabían hacer, como nadar, montar en bici o ir en patines.  

Nunca me sentí integrada con los niños de mi edad. Me gustaba leer, dibujar y pintar la naturaleza, reflexionar, escribir en mi diario, inventar historias, hablar sola, cantar, escuchar música y “perderme en las nubes”, como decían mis maestros del colegio. Sin embargo, hace ya un tiempo que sé que nada sucede por casualidad, y cada día tengo más claro que mi alma lo eligió así para cumplir su propósito, como todas las cosas que me ha tocado vivir.

Me licencié en derecho para cumplir con las expectativas de mi padre, pero siempre me interesaron más la psicología y la filosofía. Estaba cansada de escuchar en casa que "eso no me daría de comer" y terminé dedicando varios años de mi vida a algo que no me llenaba ni estaba en conexión con mi alma. 

Durante aquella época experimenté mi primera depresión profunda, una crisis existencial, pues aunque yo no era consciente de ello, me encontraba muy perdida en este mundo, era como si nada tuviera sentido. Comencé a tener relaciones de pareja muy tóxicas. No me daba cuenta todavía de que anteponía siempre los intereses de los demás a los mios propios, que no ponía límites, que no me amaba, que estaba completamente desconectada de mi misma, así que mis parejas me reflejaban mis heridas internas para que comenzase a sanarlas yo misma, aunque en aquel momento yo no lo podía ver.  

Al terminar Derecho, estudié Magisterio, en la especialidad de música, convencida de que "la educación es el arma más poderosa para transformar el mundo" y de que "ser funcionaria sería una bendición". Recordaba aquellos momentos en que de niña me colocaba enfrente de una pizarra en blanco que tenía en el sótano y me ponía a explicar y explicar a un público invisible no sé cuántas cosas y estaba convencida de que había venido a esto, que era mi vocación. Paralelamente, estuve buscando formación en psicología porque también me interesaba mucho y leía muchos libros de estos temas, aunque la visión clásica no me acababa de convencer.

Al terminar Magisterio, estuve dos años dando clases de música por horas y leyendo muchos libros sobre psicología. En aquellos momentos, no tenía pareja. Comencé a vivir mi vida en soledad, después de no sé cuántos años seguidos en relaciones de pareja marcadas por la dependencia emocional. Aproveché para realizar el Camino de Santiago. Lo hice durante dos veranos seguidos y aquella experiencia, junto con la soledad en la que me sumí durante unos años,  comenzó a transformarme de maneras insospechadas.

Posteriormente, aprobé las oposiciones y comencé a trabajar como maestra de música con niños de 3 a 12 años, llevaba una vida normal, exteriormente bastante buena, deseable para muchos, pero continuaba teníendo un gran vacío interior. Yo no lo sabía, pero todavía me encontraba desconectada de mí misma, continuaba en la búsqueda.

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Profesionalmente, ser maestra se acercaba un poco más a lo que mi alma anhelaba pero tampoco era aquello. Cada día después del trabajo, pensaba: ¿esto es todo? ¿en esto consiste la vida?

A raíz de una serie de acontecimientos y crisis personales, entre las que se encuentran la muerte de mi padre, los ataques de pánico y ansiedad y los dolores crónicos de espalda, me volqué de lleno en una profunda búsqueda interior y en mi autoconocimiento. 

Siempre he asociado mi despertar espiritual a la muerte de mi padre porque fue a raíz de este acontecimiento cuando los sucesos se fueron precipitando de una manera tan acelerada que me era imposible asimilar qué estaba ocurriendo conmigo, sobre todo en mi interior. Fue como "la gota que colmó el vaso". El shock post-traumático, las diferentes etapas del duelo y los severos ataques de pánico y ansiedad que sufrí marcaron un antes y un después en mi vida. Los miedos que salieron a flote a raíz de todo esto, la infinidad de libros que leí para entender lo que me estaba sucediendo, mis inicios con la meditación, el vacío interior como telón de fondo (aunque exteriormente todo pareciera estar bien), la toma de conciencia de "mis" pensamientos, de muchas de mis creencias limitantes, el análisis de mi infancia, mi enfermedad, mi adopción, la educación recibida en mi casa y en la escuela, la toma de conciencia de mis heridas internas, el cuestionamiento de mi personalidad hasta el momento como consecuencia de mis experiencias de vida, la vida después de la muerte y la comunicación con otros mundos, fueron algunas de las cosas en torno a las que comenzó a girar mi vida durante los dos años posteriores a la muerte de mi padre. Comenzó así una etapa de despertar de conciencia y despertar espiritual que ya no tenían vuelta atrás y que continuarán hasta el día en que deje este mundo.

Todo mi mundo hasta aquel momento se desmoronó. Mi identidad se quebró por completo, hasta el punto de no saber ni quién era ni por qué estaba en este mundo. 

Buscando respuestas ante aquel "caos interior", comencé a leer una gran cantidad de libros sobre psicología transpersonal y espiritualidad, de autores como C.G. Jung, Ken Wilber, Stanislav Grof, M. Newton, B. Weiss, Sergi Torres, Emilio Carrillo y Jeff Foster, entre otros. 

Al mismo tiempo, impulsada por una voz hasta ese momento desconocida por mí, comencé a realizar formación enmarcada en estos ámbitos.

Comprendí, pero no desde la razón, que esa voz era la voz de mi SER que me impulsaba a salir de la matrix sin sentido y buscar la verdad, pero esta vez dentro de mí misma. Por fin sabía qué estaba buscando. Por fin todo tenía un sentido. Por fin todas las piezas del puzzle comenzaban a encajar. Por fin comenzaba a encontrar respuestas a las preguntas y cuestionamientos que hasta ese momento no había encontrado. Me estaba buscando a mí.

A todo esto, le acompañó el despertar de ciertas capacidades psíquicas, que en realidad todos poseemos pero que suelen permanecer dormidas por la forma de vida que llevamos y porque estamos completamente desconectados de lo que realmente somos: seres espirituales en evolución, encarnados en un cuerpo de tercera dimensión. Esto abrió ante mí un mundo hasta el momento desconocido. Comencé a experimentar estados alterados de consciencia de forma espontánea y en mi vida comenzaron a manifestarse sincronicidades casi diariamente. El concepto de sincronicidad me sonaba, de haberlo leído en algún libro de C.G. Jung, pero ahora lo estaba viviendo. 

Poder ver cómo el universo te habla a través de cualquier situación, persona, libro, cartel... le da un sentido mucho más profundo a todo lo que vives y la confianza, el convencimiento, de que nada sucede por casualidad, que todo tiene un porqué y un para qué, que todo en nuestra vida tiene un hilo conductor invisible del que no somos conscientes, de que podemos confiar en la vida, en el universo, y de que, aunque nos pueda parecer que sí en algunos momentos, nunca estamos solos. 

O viví todo este proceso de despertar sola, sin nadie a quien poder acudir o preguntar. Sintiendo como todo mi mundo, el mundo que conocía hasta el momento, se estaba desmoronando, y sin nadie conocido a mi alrededor con quien poder compartirlo. 

Ahora mismo, agradezco este proceso y agradezco la persona que soy en consecuencia, pero cuando uno está atravesando "La noche oscura del alma", la visión es bien distinta. Esta es una de las razones por las que di este cambio, también profesional, en mi vida.

Todo cuanto nos sucede tiene un sentido profundo, un porqué y un para qué. Podemos abrir los ojos y ver, o seguir dormidos hasta la siguiente oportunidad que nos presente la vida”.Cárol 

 
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